libertad

Una lluvia violenta y salvaje (Revólver)

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Ayer se cumplían 19 años de un secuestro agónico que nos mantuvo en vilo unas eternas 48 horas. Un secuestro y posterior asesinato no menos terrible que otros muchos con los que el terrorismo pretendía minar nuestra libertad, pero un secuestro y posterior asesinato que supuso un cambio en nuestra sociedad. O en gran parte de ella.

El terrorismo, sea del tipo que sea sólo persigue amedrentrarnos y el espíritu de Ermua nos enseñó que frente a la barbarie, frente al reloj que corre en contra, frente a la angustia de una pistola en la sien y un asesino que con la mayor frialdad no dudará una vez más en apretar el gatillo no cabe otra opción que mantenerse firmes, apretar los dientes y seguir luchando por el único bien que no podrán nunca quitarnos: la libertad.

Fue una lluvia violenta y salvaje, pero nos dio fuerzas para seguir luchando.

 

 

 

 

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Auschwitz, 70 aniversario del fin del horror

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Hoy se cumple el 70 aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz por el Ejército Rojo.

Fue construido en torno a 1940, ya como campo de exterminio, y durante 5 años* fue la máxima expresión de la barbarie. Son muchos los que han dado testimonio del infierno que albergaban sus muros. No fue el único, pero sí donde el salvajismo, la brutalidad, la crueldad y la bestialidad del ser humano se hizo más patente.

No conozco Auschwitz, y no sé si lo visitaré algún día, pero sí conozco Mauthaussen. Como prueba del horror de lo que se vivió en ellos me es suficiente. La verdad es que lo visité “de casualidad”. Al principio entré con curiosidad, pero se me pasó a los 5 minutos. Soy absolutamente incapaz de describir lo que sentía.

Una mezcla de tristeza, rabia, indignación, miedo, frustración se entremezclaban en un lugar impregnado por las vidas de todos los que allí estuvieron. No puedo describirlo, es de esas cosas que, si te aguanta el estómago, tienes que sentir tú.

Absolutamente en todos sus rincones quedaba algo de los que allí pasaron, y se nota, se nota muchísimo. Intentar recrear en tu mente lo que allí ocurría es incluso una tortura estando en tal cruel escenario. Cada estancia era casi peor que la anterior, y según avanzabas y bajabas a las cámaras, aquello empeoraba aún más. Era tremendamente asfixiante.

Reconozco que tras la visita no me quedó ninguna gana de volver a entrar en ninguno, ya tenía mi propia idea de lo que había sido. Un año después, alguien me dijo que si le acompañaba a Dachau. No lo hice, no podía, no me avergüenza reconocerlo.

La brutalidad del régimen Nazi no ha sido la única que ha asolado (o asola) Europa en el último siglo, aún menos el mundo, pero no por eso hemos negar que existió ni dejar de conocerla. No puedo más que coincidir con que la única forma de no repetir la historia es conociéndola, aún más en un caso como éste. Me cuesta pensar que alguien que conozca esto es capaz de repetirlo, dicho lo cual, tampoco voy a manifestar una fe inquebrantable en la especie humana, me equivocaré seguro.

Tengo que reconocer que en esto, y en alguna cosa más, admiro a los alemanes (y a todas las Naciones que no se avergüenzan de sí mismas). Conscientes de la barbaridad hacen pedagogía, que no proselitismo, para que esto no se repita. En Berlín, por ejemplo, se pueden ver fotografías y documentos recuperados de los campos de concentración y exterminio. Estremece igualmente, pero también diré que no impacta igual que verlo in situ. Con todo, no dirigen el pensamiento, te muestran el dato, tú sacas las conclusiones.

En nuestro país en cambio, preferimos la historia de buenos y malos, aunque no haya buenos; pero preferimos, prefieren, mantener su ceguera y dejar que les digan qué hay que pensar a hacerlo por sí mismos. Preferimos, prefieren, negar nuestra historia y cargarnos lo que no nos gusta, a aprender de ella. Preferimos, prefieren, reescribir los pasajes oscuros para algunos, en lugar de mostrarlos. Preferimos, prefieren, incluso ignorar que esto sigue ocurriendo anteponiendo una ideología, porque ya sabemos, algunos no matan, se defienden.

Sirva este día para recordarnos que somos capaces de lo mejor y de lo peor, y que negar la Historia sólo puede conducir a repetir la barbarie. Aprendamos, siempre, de ella. Nos enseña lo que somos, de dónde venimos, y nos ayuda a comprender el presente; pero también, lo que nunca jamás ha de volver a repetirse.

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*Creo que en algún lugar he leído que fue en 1939, si bien se comenzó a utilizar en 1940

Pérdida de perspectiva

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No sé si recuerdan que hace unos años muchos nos escandalizamos por aquella idea de los derechos de los simios. Nuestra preocupación, que algunos expresamos, venía por una cierta desnaturalización de las cosas.

Que nadie entienda que rechazábamos “derechos” para los animales, unos u otros, pero sí nos parecía un absurdo que llegáramos a considerar los animales como personas, porque no lo son.
Que los animales tienen “derechos” por supuesto, pero derechos entre comillas. Quiero decir. Por supuesto que un perro tiene derecho a que yo lo trate bien, lo cuide, etc., pero un perro no es una persona, por mucho que nos empeñemos. Ni un perro, ni un gato, ni un rinoceronte. Son animales.

Y por qué me da por esto ahora, dirán algunos. Fundamentalmente por los perro friendly (puede poner usted el animal que desee).

El tema viene (además de porque últimamente es una conversación/discusión recurrente entre los que no entienden que un perro es un perro y los que sí lo entendemos) porque hace unos días pasé por una calle en la que había una valla de esas publicitarias reclamando los derechos de los perros. Derechos que incluían el jugar en los parques, bañarse en fuentes, aguas, lagos… , entrar en los restaurantes, etc. Vamos, “derechos” de lo más variopinto

Qué quieren que les diga. Pues no.

En esta sociedad absurda en la que nos movemos en la que no somos capaces de distinguir lo importante de lo que no lo es llegamos a esto. Respetar a los animales, por supuesto. Tratar a los animales como personas, no, no, y una vez más no. Y no por nada, sino porque no lo son.

Yo puedo creer que mi ficus* me habla, llora conmigo cuando estoy triste, y se alegra de verme cuando entro en casa, pero no lo hace. Y yo podría querer que mi ficus me acompañara al trabajo, a mis hijos a la guardería y entrara con ellos a saludar a la profesora, o se bañara con ellos en la playa, pero el ficus no hace eso. Pero es que además, puede que, mi ficus no sea tan “amigable” para todo el mundo, y que a alguien le de miedo, otro tenga alergia, a otro sencillamente no le guste o… no tenga por qué aguantarlo y eso yo también tengo que respetarlo.
Porque un ficus es un ficus, y no es igual que usted querido lector.

Y esto que yo tengo tan claro los fanáticos (porque es lo que son, y lo siento si alguien se siente ofendido) de los animales no lo tienen. Y como su fanatismo pesa siempre más que el sentido común yo tengo que aguantar que el perrito entre en el restaurante o vaya a comprar libros al lado del dueño, me olisquee por la calle, corra alrededor mío en el parque, entre conmigo en el ascensor o se bañe en la misma playa que yo.

Esto, en definitiva, no es sino una muestra más de nuestra falta de criterio para distinguir las cosas. De nuestro absurdo intento de equiparación de “realidades” que no son equiparables. De nuestro afán por el igualitarismo hasta la asfixia. De nuestro afán por constituir sociedades sin identidad, no sea que alguien se vaya a molestar. De ese absurdo de lo políticamente correcto.

Esta mañana leí en algún lado que lo políticamente incorrecto es marxismo cultural. Creo que es una reflexión acertada.

 

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* Lo del ficus es sólo porque me parece más divertido. Señores de PACMA y similares, no me demanden por esto, o sí, qué más da, voy a seguir diciendo que un animal no es igual que yo por mucho que ustedes se empeñen.

Derecho al subsidio

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No, tranquilos, no será nadie aquí el que reclame majaderías a papa Estado.

Ayer escuchaba una noticia sobre la bajada del índice de natalidad en España (aquí, por ejemplo). Puedo estar equivocada, pero la información no viene a confirmar sino una tendencia que ya se venía observando y que, haciendo un análisis simplista, podemos resumir en: bajada de la natalidad, envejecimiento de la población (no olvidemos también que envejece la generación del boom demográfico, no lo olvidemos), y disminución la población -también hay menos inmigración por razones evidentes -.

Esta noticia no deja de ser una radiografía demográfica de la sociedad, y como tal, podría llevarnos a diferentes análisis desde diferentes puntos de vista, y todos igualmente válidos.

Lo que me sorprende, o no, para qué decir otra cosa, es que el análisis que se ha hecho de la situación por parte de muchos es que esto ocurre porque faltan ayudas. Acabáramos! La solución a todos los males son las ayudas, los dineros, ¡¡las subvenciones!!

¿Pero ayudas para qué? ¿queréis que os expliquen cómo tener hijos? ah! no! que no va a eso, vosotros lo que queréis son dineros. Vamos, que a vosotros si os pagaran por tener hijos, los teníais… pues… tiene eso un nombre algo feo.

Sí… lo sé. Fácil, lo reduzco al absurdo.

Lo que no es un absurdo es que nuestros queridos conciudadanos se hayan irrogado un derecho a la subvención. Y no les voy a culpar, o sí, y por lo de siempre, por haber vendido su libertad a cambio de la limosna del omnipresente papá Estado. Y esto me daría igual si no fuera porque nos afecta a todos, y porque vuestra subvención se paga con mis impuestos. Y porque a más subvenciones absurdas, más impuestos. Y así podría seguir hasta aburrirme, o aburriros.

Si yo quisiera tener un hijo, aparte de lo evidente, tener el padre adecuado (sí, somos así de poco modernos, ¡qué le vamos a hacer!) , pensaría si puedo mantenerlo, si tengo cierta estabilidad, … pero, sobre si todo, si quiero un hijo al que estoy dispuesta a dedicarle el resto de mi vida, o al menos mientras no alcance la mayoría de edad, que es el tiempo en el que no le quedará otra que aguantarme. Pero en lo que no pensaría nunca es en cuánto me va a dar el Estado o qué tipo de ayudas me corresponden.

Si no elijo bienes materiales por la subvención, ¿cómo voy a decidir algo tan importante como tener un hijo,  según la subvención?. Claro, que yo soy rara avis y pienso que el Estado no tiene que darme dinero por nada. ¡Qué extraños somos por aquí, por Dios!

Por intentar concluir seriamente, soy consciente de que el que no nazcan niños es un problema. Pero también soy consciente de que no nacen niños por varios factores, y reducirlo a la ausencia de subvenciones es un absurdo más fruto de la infantilización social y de la dejación de funciones individuales a manos del Estado.

 

 

P.S. Sé que dejo sin tocar temas como que necesitamos que nazcan niños, la riqueza que se genera, etc etc. ¿pero es que acaso tenemos que subvencionar también la generación de riqueza?

P.S2. Amenazo con volver con este tema, que me faltan menciones a una de mis subvenciones favoritas, las de las familias numerosas!

 

 

 

 

El presupuesto expansivo (sic). Empobrecernos por gobernar

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Que íbamos a tardar poco en entrar en campaña no le extraña a nadie, bueno, a alguien sí, quizás, bueno, que me lío. Que muchos lo harán sin principios, sin rumbo y con más demagogia que propuestas, quizás tampoco. Y si a alguien aún sí, bajad del guindo que esto promete.

No voy a entrar aún en la falta de propuestas y el exceso de buenismo de mercadillo, habrá tiempo. Pero sí en cómo hemos aceptado eso como lo único que importa. Esto ya no va de gobernar, no, va de decirle a la gente lo que no quiere oír; no va de adoptar propuestas que puedan ser impopulares. No, no va de eso, o no para todos. Esto va de ganar, sólo importa ganar.

Francamente, no me preocupa tanto eso como que queramos ganar a costa (nuevamente) del empobrecimiento general. Si algo nos ha debido enseñar la crisis, y no sólo la crisis, de hecho los últimos 70 años de historia de España y Europa, es que la expansión del gasto público no lleva a nada más que a la quiebra. El gasto público intensivo, empobrece.

Ya sé que lo que vende más es decirle a los españolitos que les pagamos la casa, les damos un sueldo al mes -lo llamemos como lo llamemos- porque sí, y les garantizamos un trabajo, una pensión y cualquier cosa que nos pidan aunque tengamos que endeudar a generaciones para ello. Pero no es sensato.

Como ciudadanos, dejar nuestra propia supervivencia a papá Estado es un suicidio. Pero nosotros en cambio lo aceptamos. Aceptamos, ya como normal, que decidan por nosotros, porque elegir es complicado. Preferimos que sea otro el que elija por nosotros, porque es más cómodo, nos quita el problema de hacerlo . Bueno, lo preferís, porque yo no me incluyo, estoy entre los que intentamos resistirnos como podemos, cada vez con menor éxito, porque el intervencionismo lo invade todo, queremos, queréis, ayudas para todo, que elijan por vosotros, que os digan qué o con quién estar, qué pensar, qué sentir, qué creer.

¿y por qué esto? realmente da igual, podría ser porque sí, pero en realidad es porque esta mañana escuchaba una cuña de radio del Gobierno de Extremadura* en la que éste resaltaba como éxitos el presupuesto expansivo, el aumento del gasto público y la “sostenibilidiad” del Estado del Bienestar… bueno, esto da igual, lo que importa es que lo que sea sea sostenible, aunque no lo sea, como el mismísimo (y mal entendido) Estado del bienestar.

Who is John Galt? 

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*Lamento no enlazarla, no he dado con ella. Si alguien la consigue, que me la envíe por favor.