crisis

Cambios y oportunidades

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Los cambios, en un sentido genérico, siempre tienen una cosa buena, sirven para limpiar, ordenar, replantear y reconfigurar. Piensen si no en una mudanza, o en lo que suponen las crisis.

Ningún proceso de cambio es fácil. No lo es si es deseado, y menos aún si no lo es. Un cambio tiene una parte importante de ruptura con lo anterior, con la comodidad que nos da el control -o el aparente control- de la situación, lo que no siempre es fácil de gestionar.

Los cambios también suelen poner de manifiesto las debilidades del sistema que tan sólido creíamos, de los pilares sobre los que creíamos que se asentaban las estructuras, de las razones que incluso, en ocasiones, nos llevaban a actuar de una u otra forma.

En el caos más o menos controlado que suponen estos procesos subyacen también nuevas oportunidades, nuevos caminos, nuevos planteamientos. Verlos es, en ocasiones, muy complicado. Unas veces ciega el miedo, otras la desconfianza, y otras sencillamente, es cuestión de ceguera.

Pero en estos momentos, cuando tienes suerte, surgen también nuevos actores que, aún sin ellos ser muy conscientes, no son sólo parte del cambio, o de un cambio, sino que aparecen en el momento justo del mismo para dar luz a lo que no veías y hacerte ver lo que no encontrabas. Para, sin saberlo, guiarte al principio del nuevo camino que emprendes, en el que permanecerán o no, pero al que sin duda pertenecen.

2015 era un año de cambios, que aún no sabemos a dónde nos va a conducir, pero nada avanza sin cambiar.

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El presupuesto expansivo (sic). Empobrecernos por gobernar

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Que íbamos a tardar poco en entrar en campaña no le extraña a nadie, bueno, a alguien sí, quizás, bueno, que me lío. Que muchos lo harán sin principios, sin rumbo y con más demagogia que propuestas, quizás tampoco. Y si a alguien aún sí, bajad del guindo que esto promete.

No voy a entrar aún en la falta de propuestas y el exceso de buenismo de mercadillo, habrá tiempo. Pero sí en cómo hemos aceptado eso como lo único que importa. Esto ya no va de gobernar, no, va de decirle a la gente lo que no quiere oír; no va de adoptar propuestas que puedan ser impopulares. No, no va de eso, o no para todos. Esto va de ganar, sólo importa ganar.

Francamente, no me preocupa tanto eso como que queramos ganar a costa (nuevamente) del empobrecimiento general. Si algo nos ha debido enseñar la crisis, y no sólo la crisis, de hecho los últimos 70 años de historia de España y Europa, es que la expansión del gasto público no lleva a nada más que a la quiebra. El gasto público intensivo, empobrece.

Ya sé que lo que vende más es decirle a los españolitos que les pagamos la casa, les damos un sueldo al mes -lo llamemos como lo llamemos- porque sí, y les garantizamos un trabajo, una pensión y cualquier cosa que nos pidan aunque tengamos que endeudar a generaciones para ello. Pero no es sensato.

Como ciudadanos, dejar nuestra propia supervivencia a papá Estado es un suicidio. Pero nosotros en cambio lo aceptamos. Aceptamos, ya como normal, que decidan por nosotros, porque elegir es complicado. Preferimos que sea otro el que elija por nosotros, porque es más cómodo, nos quita el problema de hacerlo . Bueno, lo preferís, porque yo no me incluyo, estoy entre los que intentamos resistirnos como podemos, cada vez con menor éxito, porque el intervencionismo lo invade todo, queremos, queréis, ayudas para todo, que elijan por vosotros, que os digan qué o con quién estar, qué pensar, qué sentir, qué creer.

¿y por qué esto? realmente da igual, podría ser porque sí, pero en realidad es porque esta mañana escuchaba una cuña de radio del Gobierno de Extremadura* en la que éste resaltaba como éxitos el presupuesto expansivo, el aumento del gasto público y la “sostenibilidiad” del Estado del Bienestar… bueno, esto da igual, lo que importa es que lo que sea sea sostenible, aunque no lo sea, como el mismísimo (y mal entendido) Estado del bienestar.

Who is John Galt? 

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*Lamento no enlazarla, no he dado con ella. Si alguien la consigue, que me la envíe por favor.