Merecemos “aire fresco, sano y honesto”.

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No tengo palabras. Lo reconozco, a veces las memeces progres me dejan sin palabras, y esto del “aire fresco, sano y honesto” es de ésas. Esto, por no hablar del resto del vídeo, que dejo para vuestro disfrute. Coged “aire fresco, sano y honesto”,  eso sí, porque es droga dura

La idea no es nueva, recordemos los famosos “artistas” de la Zeja; y el mensaje tampoco. La descarada y burda manipulación es para lo único para lo que sirven. Para eso, y para buscar el alarmismo, el revanchismo, el levantamiento y la algarada callejera. El frentepopulismo.

Su visión de la sociedad es “viviendas sin calefacción, (…) escuelas afectadas por los recortes, (…)sanidad maltratada, (…)la escena diaria de tantas personas trabajando cada vez más por menos, frente a un tejido cultural ninguneado” por la terrible acción de “los gestores de los recortes, los creadores de horizontes de precariedad y hormigón”. Ya sabéis, estos son esos señores malos malísimos que se levantan cada mañana pensando cómo fastidiar al españolito.

Lo que no nos cuentan es su gran idea de paraíso socialista al que nos quieren llevar gracias a sus grandiosas ideas de colectivización.

P.S. El manifiesto aquí, y la lista de firmantes aquí. Por supuesto, si consumía algo de alguno de los de la lista, desde hoy dejo de hacerlo. No pretendáis insultarme, y además vivir a mi costa y que encima pague o consuma vuestro producto.

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Sobre la importancia de saber cuándo, cómo y dónde librar una batalla

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 Cuando tus tropas están desanimadas, tu espada embotada, agotadas tus fuerzas y tus suministros son escasos, hasta los tuyos se aprovecharán de tu debilidad para sublevarse. Entonces, aunque tengas consejeros sabios, al final no podrás hacer que las cosas salgan bien.

(Sun Tzu, El arte de la guerra, libro 2)

Bárbaros. Fallaci sabía bien de lo que hablaba

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Ayer los bárbaros de Estado Islámico, o animales, o… como queráis llamarles, perpetraban la penúltima de sus atrocidades. No hay mente sana que sea capaz de hacer lo que han hecho. Mientras, muchos mirando para otro lado. No sé si la solución es hacer lo que ha hecho Jordania, pero sí tengo claro que esto no se va a solucionar con paños calientes ni invitaciones al diálogo. Se habla con personas y estos no lo son.

Ante semejante barbarie (y eso que sólo he “visto” lo que he leído en prensa, no he visto ni quiero ver el vídeo), me parece oportuno releer a O. Fallaci.

El texto que reproduzco a continuación es de La Rabia y el Orgullo, fue lo primero suyo que leí. No recuerdo cómo cayó en mis manos, pero lo abrí y no me levanté de la silla hasta que llegué a la última página. al día siguiente fui a comprarlo, ése y La Fuerza de la Razón. Y pasados unos días, volví a releerlo. Es posiblemente de los libros que más veces he leído.  Con el tiempo, también he leído alguna cosa suya más, y algún otro hay en mi modestísima biblioteca.

Como sabéis, a Fallaci se la llegó a tratar incluso de extremista. El buenismo progre, y no tan progre, nunca ha llevado bien que se cuenten las cosas como son, prefieren su interpretación benévola de la historia y los pueblos; su visión maniquea de buenos y malos, en la que los malos somos siempre los occidentales, que no comprendemos otras culturas.

Evidentemente, ISIS no fue nada que ella conociera, ni siquiera se imaginaba entonces, pero su conocimiento del mundo islámico sí le permitió avanzar lo que se avecinaba.

Aquí el fragmento, aunque os invito a leerla.

“Habituados como estáis al doble juego, afectados como estáis por la miopía, no entendéis o no queréis entender que estamos ante una guerra de religión. Querida y declarada por una franja del Islam, pero, en cualquier caso, una guerra de religión. Una guerra que ellos llaman yihad. Guerra santa. Una guerra que no mira a la conquista de nuestro territorio, quizás, pero que ciertamente mira a la conquista de nuestra libertad y de nuestra civilización. Al aniquilamiento de nuestra forma de vivir y de morir, de nuestra forma de rezar o de no rezar, de nuestra manera de comer, beber, vestirnos, divertirnos o informarnos…

No entendéis o no queréis entender que si no nos oponemos, si no nos defendemos, si no luchamos, la yihad vencerá. Y destruirá el mundo que, bien o mal, hemos conseguido construir, cambiar, mejorar, hacer un poco más inteligente, menos hipócrita e, incluso, nada hipócrita. Y con la destrucción de nuestro mundo destruirá nuestra cultura, nuestro arte, nuestra ciencia, nuestra moral, nuestros valores y nuestros placeres… ¡Por Jesucristo!

¿No os dais cuenta de que los Osama bin Laden se creen autorizados a mataros a vosotros y a vuestros hijos, porque bebéis vino o cerveza, porque no lleváis barba larga o chador, porque vais al teatro y al cine, porque escucháis música y cantáis canciones, porque bailáis en las discotecas o en vuestras casas, porque veis la televisión, porque vestís minifalda o pantalones cortos, porque estáis desnudos o casi en el mar o en las piscinas y porque hacéis el amor cuando os parece, donde os parece y con quien os parece? ¿No os importa nada de esto, estúpidos? Yo soy atea, gracias a Dios. Pero no tengo intención alguna de dejarme matar por serlo.

Lo vengo diciendo desde hace 20 años. Desde hace 20 años. Con cierta moderación, pero con la misma pasión, hace 20 años escribí sobre este asunto un artículo de fondo en el Corriere della Sera. Era el artículo de una persona acostumbrada a estar con todas las razas y todos los credos, de una ciudadana acostumbrada a combatir contra todos los fascismos y todas las intolerancias, de una laica sin tabúes. Pero era también el artículo de una persona indignada con los que no olían el tufo de una guerra santa que se acercaba y contra los que les perdonaban demasiado a los hijos de Alá”.

Auschwitz, 70 aniversario del fin del horror

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Hoy se cumple el 70 aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz por el Ejército Rojo.

Fue construido en torno a 1940, ya como campo de exterminio, y durante 5 años* fue la máxima expresión de la barbarie. Son muchos los que han dado testimonio del infierno que albergaban sus muros. No fue el único, pero sí donde el salvajismo, la brutalidad, la crueldad y la bestialidad del ser humano se hizo más patente.

No conozco Auschwitz, y no sé si lo visitaré algún día, pero sí conozco Mauthaussen. Como prueba del horror de lo que se vivió en ellos me es suficiente. La verdad es que lo visité “de casualidad”. Al principio entré con curiosidad, pero se me pasó a los 5 minutos. Soy absolutamente incapaz de describir lo que sentía.

Una mezcla de tristeza, rabia, indignación, miedo, frustración se entremezclaban en un lugar impregnado por las vidas de todos los que allí estuvieron. No puedo describirlo, es de esas cosas que, si te aguanta el estómago, tienes que sentir tú.

Absolutamente en todos sus rincones quedaba algo de los que allí pasaron, y se nota, se nota muchísimo. Intentar recrear en tu mente lo que allí ocurría es incluso una tortura estando en tal cruel escenario. Cada estancia era casi peor que la anterior, y según avanzabas y bajabas a las cámaras, aquello empeoraba aún más. Era tremendamente asfixiante.

Reconozco que tras la visita no me quedó ninguna gana de volver a entrar en ninguno, ya tenía mi propia idea de lo que había sido. Un año después, alguien me dijo que si le acompañaba a Dachau. No lo hice, no podía, no me avergüenza reconocerlo.

La brutalidad del régimen Nazi no ha sido la única que ha asolado (o asola) Europa en el último siglo, aún menos el mundo, pero no por eso hemos negar que existió ni dejar de conocerla. No puedo más que coincidir con que la única forma de no repetir la historia es conociéndola, aún más en un caso como éste. Me cuesta pensar que alguien que conozca esto es capaz de repetirlo, dicho lo cual, tampoco voy a manifestar una fe inquebrantable en la especie humana, me equivocaré seguro.

Tengo que reconocer que en esto, y en alguna cosa más, admiro a los alemanes (y a todas las Naciones que no se avergüenzan de sí mismas). Conscientes de la barbaridad hacen pedagogía, que no proselitismo, para que esto no se repita. En Berlín, por ejemplo, se pueden ver fotografías y documentos recuperados de los campos de concentración y exterminio. Estremece igualmente, pero también diré que no impacta igual que verlo in situ. Con todo, no dirigen el pensamiento, te muestran el dato, tú sacas las conclusiones.

En nuestro país en cambio, preferimos la historia de buenos y malos, aunque no haya buenos; pero preferimos, prefieren, mantener su ceguera y dejar que les digan qué hay que pensar a hacerlo por sí mismos. Preferimos, prefieren, negar nuestra historia y cargarnos lo que no nos gusta, a aprender de ella. Preferimos, prefieren, reescribir los pasajes oscuros para algunos, en lugar de mostrarlos. Preferimos, prefieren, incluso ignorar que esto sigue ocurriendo anteponiendo una ideología, porque ya sabemos, algunos no matan, se defienden.

Sirva este día para recordarnos que somos capaces de lo mejor y de lo peor, y que negar la Historia sólo puede conducir a repetir la barbarie. Aprendamos, siempre, de ella. Nos enseña lo que somos, de dónde venimos, y nos ayuda a comprender el presente; pero también, lo que nunca jamás ha de volver a repetirse.

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*Creo que en algún lugar he leído que fue en 1939, si bien se comenzó a utilizar en 1940

Correr no es divertido, pero he decidido correr.

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Sí, lo confieso, no encuentro nada divertido correr. Para algunos he dicho una obviedad; para otros estaré cometiendo algo muy parecido al sacrilegio. Mirad si no las distintas RRSS, tantas caras sonrientes, tantos mensajes que parecen sugerir una felicidad orgásmica  tras correr… Pues no queridos, yo también corro y correr no es tan divertido*. De hecho, para terminar de alarmar a los que están a punto de dejar de leer, odio correr. Lo odio, lo odio mucho, y sí, pese a ello, corro.

Correr no me hace sentirme libre, no me hace sentirme bien, no me hace desconectar… para eso hago otras cosas, como leer. Me encanta leer, pero no correr.

Correr me hace sentirme débil, pequeña y vulnerable, por eso lo odio, pero también por eso corro.

Una de las cualidades que más detesto en la gente (y sé que está fatal decirlo, y mucho peor ponerlo por escrito) es la debilidad. No soporto a la gente débil, y ya si añadimos tibieza y falta de lealtad tenemos un trío de cualidades que considero detestable.

Mientras no se demuestre lo contrario no soy precisamente tibia (mejor lo fuera en muchas ocasiones) y entre mis innumerables defectos no está la falta de lealtad, pero correr me ha demostrado que sí está la debilidad. Y no lo soporto. Soy débil, ¡yo, que me creía fuerte! pamplinas, soy una débil.

Pero es que además, cuando corro no puedo controlar la situación, ella me controla a mí, para bien o para mal, no soy yo quien lleva las riendas, y… what a surprise, las riendas me gusta llevarlas a mí. Tranquilos, no soy una fanática controladora, de hecho, lo que hagáis los que estáis a mi alrededor -siempre que no me provoque ningún daño- generalmente me importa menos que nada, pero conmigo no soy así.

Claro, si unimos algo que me hace no controlar y además mostrarme a mí misma como alguien débil tenemos un perfecto cóctel explosivo. Pese a lo cual, sigo corriendo.

Lo hago precisamente porque si algo no te gusta lo tienes que cambiar. Y si algo te hace caer, te tienes que levantar y pelear más fuerte. Porque uno no se enfrenta a las adversidades huyendo. Los problemas, sean del tipo que sea, se afrontan. Da igual que hablemos de nuestra vida personal, profesional o de nuestras actividades de ocio. Lo más fácil para mí sería quedarme en casa pensando: hacedlo vosotros, que a no me aporta nada, y encima sufro… pero no lo hago. Me pongo las zapatillas y me motivo como nadie; vamos, ¡hasta el punto de que alguno ha llegado a pensar que me lo paso bien!. Muero de risa cuando me hacen esos comentarios, ¡qué poco me conocéis!

Yo he decidido que hoy, y mañana y pasado, saldré a correr. Porque no, no me es divertido, pero decido enfrentarme a la situación y controlarla, decido correr.

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* A ver, hay que entenderlo. Por supuesto no todo es sufrimiento, hay días que me gusta un poco; las pocas veces en que voy con alguien disfruto algo más;  el día que te has dejado los higadillos intentando no perder tu dignidad corriendo llegas a casa de buen humor….claro que sí, no todo es negativo, las famosas endorfinas también te atacan aunque no disfrutes al 100% de tu actividad, pero vamos… que eso que pregonan muchos, creeros la mitad!. Nunca nada es tan bonito.

Gigantes (Ruth Lorenzo)

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Vaya por delante que no sé quién es esta chica, pero en la emisora que escucho habitualmente lleva unos días sonando esta canción.

Las canciones que cuelgo tienen todas un significado para mí. Ésta, también

Hoy no es domingo, pero qué mas da ;-). Feliz martes!

Pérdida de perspectiva

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No sé si recuerdan que hace unos años muchos nos escandalizamos por aquella idea de los derechos de los simios. Nuestra preocupación, que algunos expresamos, venía por una cierta desnaturalización de las cosas.

Que nadie entienda que rechazábamos “derechos” para los animales, unos u otros, pero sí nos parecía un absurdo que llegáramos a considerar los animales como personas, porque no lo son.
Que los animales tienen “derechos” por supuesto, pero derechos entre comillas. Quiero decir. Por supuesto que un perro tiene derecho a que yo lo trate bien, lo cuide, etc., pero un perro no es una persona, por mucho que nos empeñemos. Ni un perro, ni un gato, ni un rinoceronte. Son animales.

Y por qué me da por esto ahora, dirán algunos. Fundamentalmente por los perro friendly (puede poner usted el animal que desee).

El tema viene (además de porque últimamente es una conversación/discusión recurrente entre los que no entienden que un perro es un perro y los que sí lo entendemos) porque hace unos días pasé por una calle en la que había una valla de esas publicitarias reclamando los derechos de los perros. Derechos que incluían el jugar en los parques, bañarse en fuentes, aguas, lagos… , entrar en los restaurantes, etc. Vamos, “derechos” de lo más variopinto

Qué quieren que les diga. Pues no.

En esta sociedad absurda en la que nos movemos en la que no somos capaces de distinguir lo importante de lo que no lo es llegamos a esto. Respetar a los animales, por supuesto. Tratar a los animales como personas, no, no, y una vez más no. Y no por nada, sino porque no lo son.

Yo puedo creer que mi ficus* me habla, llora conmigo cuando estoy triste, y se alegra de verme cuando entro en casa, pero no lo hace. Y yo podría querer que mi ficus me acompañara al trabajo, a mis hijos a la guardería y entrara con ellos a saludar a la profesora, o se bañara con ellos en la playa, pero el ficus no hace eso. Pero es que además, puede que, mi ficus no sea tan “amigable” para todo el mundo, y que a alguien le de miedo, otro tenga alergia, a otro sencillamente no le guste o… no tenga por qué aguantarlo y eso yo también tengo que respetarlo.
Porque un ficus es un ficus, y no es igual que usted querido lector.

Y esto que yo tengo tan claro los fanáticos (porque es lo que son, y lo siento si alguien se siente ofendido) de los animales no lo tienen. Y como su fanatismo pesa siempre más que el sentido común yo tengo que aguantar que el perrito entre en el restaurante o vaya a comprar libros al lado del dueño, me olisquee por la calle, corra alrededor mío en el parque, entre conmigo en el ascensor o se bañe en la misma playa que yo.

Esto, en definitiva, no es sino una muestra más de nuestra falta de criterio para distinguir las cosas. De nuestro absurdo intento de equiparación de “realidades” que no son equiparables. De nuestro afán por el igualitarismo hasta la asfixia. De nuestro afán por constituir sociedades sin identidad, no sea que alguien se vaya a molestar. De ese absurdo de lo políticamente correcto.

Esta mañana leí en algún lado que lo políticamente incorrecto es marxismo cultural. Creo que es una reflexión acertada.

 

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* Lo del ficus es sólo porque me parece más divertido. Señores de PACMA y similares, no me demanden por esto, o sí, qué más da, voy a seguir diciendo que un animal no es igual que yo por mucho que ustedes se empeñen.