Libros

Sobre la importancia de saber cuándo, cómo y dónde librar una batalla

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 Cuando tus tropas están desanimadas, tu espada embotada, agotadas tus fuerzas y tus suministros son escasos, hasta los tuyos se aprovecharán de tu debilidad para sublevarse. Entonces, aunque tengas consejeros sabios, al final no podrás hacer que las cosas salgan bien.

(Sun Tzu, El arte de la guerra, libro 2)

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Bárbaros. Fallaci sabía bien de lo que hablaba

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Ayer los bárbaros de Estado Islámico, o animales, o… como queráis llamarles, perpetraban la penúltima de sus atrocidades. No hay mente sana que sea capaz de hacer lo que han hecho. Mientras, muchos mirando para otro lado. No sé si la solución es hacer lo que ha hecho Jordania, pero sí tengo claro que esto no se va a solucionar con paños calientes ni invitaciones al diálogo. Se habla con personas y estos no lo son.

Ante semejante barbarie (y eso que sólo he “visto” lo que he leído en prensa, no he visto ni quiero ver el vídeo), me parece oportuno releer a O. Fallaci.

El texto que reproduzco a continuación es de La Rabia y el Orgullo, fue lo primero suyo que leí. No recuerdo cómo cayó en mis manos, pero lo abrí y no me levanté de la silla hasta que llegué a la última página. al día siguiente fui a comprarlo, ése y La Fuerza de la Razón. Y pasados unos días, volví a releerlo. Es posiblemente de los libros que más veces he leído.  Con el tiempo, también he leído alguna cosa suya más, y algún otro hay en mi modestísima biblioteca.

Como sabéis, a Fallaci se la llegó a tratar incluso de extremista. El buenismo progre, y no tan progre, nunca ha llevado bien que se cuenten las cosas como son, prefieren su interpretación benévola de la historia y los pueblos; su visión maniquea de buenos y malos, en la que los malos somos siempre los occidentales, que no comprendemos otras culturas.

Evidentemente, ISIS no fue nada que ella conociera, ni siquiera se imaginaba entonces, pero su conocimiento del mundo islámico sí le permitió avanzar lo que se avecinaba.

Aquí el fragmento, aunque os invito a leerla.

“Habituados como estáis al doble juego, afectados como estáis por la miopía, no entendéis o no queréis entender que estamos ante una guerra de religión. Querida y declarada por una franja del Islam, pero, en cualquier caso, una guerra de religión. Una guerra que ellos llaman yihad. Guerra santa. Una guerra que no mira a la conquista de nuestro territorio, quizás, pero que ciertamente mira a la conquista de nuestra libertad y de nuestra civilización. Al aniquilamiento de nuestra forma de vivir y de morir, de nuestra forma de rezar o de no rezar, de nuestra manera de comer, beber, vestirnos, divertirnos o informarnos…

No entendéis o no queréis entender que si no nos oponemos, si no nos defendemos, si no luchamos, la yihad vencerá. Y destruirá el mundo que, bien o mal, hemos conseguido construir, cambiar, mejorar, hacer un poco más inteligente, menos hipócrita e, incluso, nada hipócrita. Y con la destrucción de nuestro mundo destruirá nuestra cultura, nuestro arte, nuestra ciencia, nuestra moral, nuestros valores y nuestros placeres… ¡Por Jesucristo!

¿No os dais cuenta de que los Osama bin Laden se creen autorizados a mataros a vosotros y a vuestros hijos, porque bebéis vino o cerveza, porque no lleváis barba larga o chador, porque vais al teatro y al cine, porque escucháis música y cantáis canciones, porque bailáis en las discotecas o en vuestras casas, porque veis la televisión, porque vestís minifalda o pantalones cortos, porque estáis desnudos o casi en el mar o en las piscinas y porque hacéis el amor cuando os parece, donde os parece y con quien os parece? ¿No os importa nada de esto, estúpidos? Yo soy atea, gracias a Dios. Pero no tengo intención alguna de dejarme matar por serlo.

Lo vengo diciendo desde hace 20 años. Desde hace 20 años. Con cierta moderación, pero con la misma pasión, hace 20 años escribí sobre este asunto un artículo de fondo en el Corriere della Sera. Era el artículo de una persona acostumbrada a estar con todas las razas y todos los credos, de una ciudadana acostumbrada a combatir contra todos los fascismos y todas las intolerancias, de una laica sin tabúes. Pero era también el artículo de una persona indignada con los que no olían el tufo de una guerra santa que se acercaba y contra los que les perdonaban demasiado a los hijos de Alá”.

El gato vegetariano

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Como le dice uno de sus protagonistas al otro, es sólo una historia, sois libres de buscarle un significado

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(H. Murakami, 1Q84)