igualitarismo

La exclusión como (no) camino a la integración

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Por distintos motivos llevaba mucho sin escribir, pero llevo unos días que distintos temas me llevan a volver a mis fueros, a mi espacio, a “garabatear” lo que me sugiere esta realidad muchas veces absurda que nos rodea. Esta realidad que daba origen a este blog.

No me gusta definirme, ni las etiquetas pero creo que me puedo definir como deportista, y si no, hoy lo voy a hacer. Una de las muchas cosas que me gustan del deporte, y de los deportes que practico, es que me permite practicarlo sola o con gente; con mis amigos o los de mis amigos o con desconocidos. Me permiten competir conmigo y con otros, superarme, retarme, avanzar o no hacerlo y caerme y levantarme, pero en todo caso siempre y en cualquier caso con cualquiera que quiera practicar deporte conmigo. Sin distinciones, sin exclusiones.

Da igual quién seas, de dónde vengas, qué objetivo tengas… si te gusta el deporte y quieres hacer deporte me es suficiente, no pregunto más. Mucho menos pregunto el sexo, que no el género, de quién lo practica. Me es irrelevante. Y creo que así ha de ser.

Y sí, creo que hay diferencias entre sexos, y no porque sea víctima del heteropatriarcado (tenía que decirlo) sino porque naturalmente es así. Puedo mejorar, puedo alcanzar niveles semejantes pero no soy ni seré nunca igual que un hombre, y no quiero serlo, me encantan las diferencias, con ellos y entre nosotras.

Y esto ¿a qué viene hoy?. Por algo absurdo en sí mismo, pero que refleja algo de lo que llevaba tiempo queriendo escribir, y sobre lo que seguramente volveré.

Esta mañana me saltaba un anuncio en una red social sobre el medio maratón de la mujer. Entraba en otra y allí el debate ya estaba servido. Entro en el perfil de la carrera y he empezado a convulsionar ante los argumentos que da la organización.

¿En serio estamos tan ciegos que pensamos que algo tan inclusivo como el deporte, como  fomentar su práctica, ha de partir de la exclusión?  ¿de verdad las mujeres necesitamos que nos protejan creándonos guetos deportivos para nosotras?. Muchas de estas iniciativas (desconozco si ésta también) reconocen el camino que abrió Kathrine Switzer en el maratón de Boston de 1967, pero ¿creen que hacer justo contra lo que ella luchaba es fomentar el deporte femenino?.

Se me ocurren mil preguntas, mil temas sobre los que plantear el debate pero creo que es evidente lo que quiero decir.

Sólo añadiré que alabo, y apoyo, cualquier iniciativa que fomente el deporte.  Y lo hago por ser deporte, no por ser femenino, masculino, infantil, de la tercera edad o como elemento de integración social.  Y porque el deporte es salud y  son valores, y es un importante elemento que creo que tiene que existir en cualquier sociedad.

Ahora, compartiendo fines detesto profundamente (y no lo digo con ánimo de ofender a nadie) cualquier iniciativa que excluya. Y lo hago por discriminatoria. Para mí el medio maratón de la mujer es discriminatorio, y por tanto lesivo de la igualdad, y como mujer me siento discriminada y ofendida por estas iniciativas.

Me parece bien que existan, tiene que haber de todo, pero confundir categorías no nos lleva a ningún sitio, de hecho favorece dar pasos hacia atrás. Y vestir de integración lo que no es sino exclusión es un gran error. Como dice mi colega (y también deportista)  @LadyFitnessMAD en su blog “Nos relacionamos y estamos juntos en todas las facetas de nuestra vida, ¿por qué en el tema del deporte iba a ser diferente? Por otro lado, creo que de esta forma, excluyendo al hombre de una carrera, la mujer se convierte en reclamo de lo que vende, en el producto a vender”.

 

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Feliz día del feminazismo

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Queridos todos,

Feliz día del feminazismo.

No era el post pensado para hoy, pero vistas las RRSS a estas horas, reconozco que es difícil resistirse. Y puestos en esta situación, es un día tan perfecto como cualquier otro para poner negro sobre blanco algunas cuestiones:

1. Quiero ser libre, y que sea sólo yo la que decida lo que me atañe.

2. Acepto, y me gusta, la diferencia natural que existe entre todos los individuos. Y precisamente por ello, y asumiendo siempre que no existen dos individuos absolutamente iguales, quiero ser tratada igual que cualquier otro, sin que mi sexo (que no género!) o religión suponga una diferencia, en positivo o negativo.

3. Rechazo todo tipo de cuotas, por discriminatorias. Me considero tan (o tan poco valiosa) como cualquier otro y todo lo que logre en la vida quiero hacerlo con mi esfuerzo y mi trabajo, y no porque alguien ha decidido que mi sexo (que no mi género!) se merece ser cuidado.

4. Rechazo la creencia (sí, creencia) de que cualquier situación en la que una mujer no alcanza “lo mismo” que un hombre es porque está discriminada.

5. No necesito que los burócratas antidemocráticos de las NNUU me dediquen días ni que los parásitos de los sindicatos me hagan manifiestos, ni las fuerzas de la izquierda amenacen con protegerme.

Sin extenderme más: no quiero, en definitiva, ser tratada absolutamente igual que cualquier otro ciudadano, hombre o mujer, porque no lo somos. Quiero ser tratada en función de lo que hago y lo que consigo, sea mucho o poco. Quiero que sean el esfuerzo y el trabajo los que definan mi posición social, salga bien o salga mal. Y no quiero que mi sexo (que no mi género!) sirva para establecer nuevos parámetros discriminatorios.

Feliz día de la discriminación positiva, pero discriminación, de la mujer.

La feminazización del maestro.

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En Madrid, en el Parque de Oeste, se encuentra la estatua de la foto. Bueno, la estatua ahora destrozada de la foto. esta estatua es un homenaje al maestro, sobre la que podéis leer aquí, por ejemplo.

No traigo el tema por la foto en sí, o por la estatua o lo que significa, de hecho, hasta el fin de semana, esta estatua significaba el odioso punto en el que paso de sufrir corriendo a agonizar corriendo (lo que hayáis hecho estas cuestas corriendo me entenderéis mejor), razón por la cual la odio con todas mis fuerzas, la identifico con mi propia debilidad, y la detesto.

Pero claro… la visión de las cosas cambia cuando algo que detestas aún más cambia la perspectiva, y me lleva a uno de mis temas favoritos, el feminazismo, la ideología de género, el igualitarismo mal entendido.

Y es que resulta que a algún/a/e/i/o (recuperamos viejas costumbres, eh?! que no se ofenda nadie!) le ha debido parecer fatal que ponga maestro, y no maestro y maestra. Porque, queridos y queridas, ¡qué falta de sensibilidad del que/ de la que hizo esto, que no pensó en las maestras!

Claro, que por no extenderme, lo que tiene gracia, es que un monumento dedicado al maestro acabe ultrajado por algo que un maestro no enseñaría nunca, que es la memez del género en la que los pedagogos progres, no maestros, enseñan ahora como lo más importante a la hora de hablar. Es un sinsentido, un absurdo total… terminaremos usando todas las vocales, agotando todas las posiblidades en número, género, etc. para acabar las palabras,  como si fuéramos imbéciles, no sea que se nos vaya a ofender alguien, porque claro, con los que no tienen claro si serán señores o señoras… cuál usamos… anda! que acabo de recordar lo del género neutro! me lo apunto para otro día.

La falta de criterio de todo y sobre todo es lo que nos lleva a este absurdo. A éste y a infinidad de ellos. Bueno, la falta de criterio, y el igualitarismo, el asfixiante, totalitario y discriminatorio igualitarismo.

Volveré con ello, los ismos me apasionan.

 

P.S. Por cierto, desde el domingo, me encanta la estatua y el homenaje al maestro, por llevar la contraria y como homenaje a mis maestros, que han sido muchos, y muchas, y muches, y muchis, y muchus.

Nos leemos!