Mes: octubre 2014

Derecho al subsidio

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No, tranquilos, no será nadie aquí el que reclame majaderías a papa Estado.

Ayer escuchaba una noticia sobre la bajada del índice de natalidad en España (aquí, por ejemplo). Puedo estar equivocada, pero la información no viene a confirmar sino una tendencia que ya se venía observando y que, haciendo un análisis simplista, podemos resumir en: bajada de la natalidad, envejecimiento de la población (no olvidemos también que envejece la generación del boom demográfico, no lo olvidemos), y disminución la población -también hay menos inmigración por razones evidentes -.

Esta noticia no deja de ser una radiografía demográfica de la sociedad, y como tal, podría llevarnos a diferentes análisis desde diferentes puntos de vista, y todos igualmente válidos.

Lo que me sorprende, o no, para qué decir otra cosa, es que el análisis que se ha hecho de la situación por parte de muchos es que esto ocurre porque faltan ayudas. Acabáramos! La solución a todos los males son las ayudas, los dineros, ¡¡las subvenciones!!

¿Pero ayudas para qué? ¿queréis que os expliquen cómo tener hijos? ah! no! que no va a eso, vosotros lo que queréis son dineros. Vamos, que a vosotros si os pagaran por tener hijos, los teníais… pues… tiene eso un nombre algo feo.

Sí… lo sé. Fácil, lo reduzco al absurdo.

Lo que no es un absurdo es que nuestros queridos conciudadanos se hayan irrogado un derecho a la subvención. Y no les voy a culpar, o sí, y por lo de siempre, por haber vendido su libertad a cambio de la limosna del omnipresente papá Estado. Y esto me daría igual si no fuera porque nos afecta a todos, y porque vuestra subvención se paga con mis impuestos. Y porque a más subvenciones absurdas, más impuestos. Y así podría seguir hasta aburrirme, o aburriros.

Si yo quisiera tener un hijo, aparte de lo evidente, tener el padre adecuado (sí, somos así de poco modernos, ¡qué le vamos a hacer!) , pensaría si puedo mantenerlo, si tengo cierta estabilidad, … pero, sobre si todo, si quiero un hijo al que estoy dispuesta a dedicarle el resto de mi vida, o al menos mientras no alcance la mayoría de edad, que es el tiempo en el que no le quedará otra que aguantarme. Pero en lo que no pensaría nunca es en cuánto me va a dar el Estado o qué tipo de ayudas me corresponden.

Si no elijo bienes materiales por la subvención, ¿cómo voy a decidir algo tan importante como tener un hijo,  según la subvención?. Claro, que yo soy rara avis y pienso que el Estado no tiene que darme dinero por nada. ¡Qué extraños somos por aquí, por Dios!

Por intentar concluir seriamente, soy consciente de que el que no nazcan niños es un problema. Pero también soy consciente de que no nacen niños por varios factores, y reducirlo a la ausencia de subvenciones es un absurdo más fruto de la infantilización social y de la dejación de funciones individuales a manos del Estado.

 

 

P.S. Sé que dejo sin tocar temas como que necesitamos que nazcan niños, la riqueza que se genera, etc etc. ¿pero es que acaso tenemos que subvencionar también la generación de riqueza?

P.S2. Amenazo con volver con este tema, que me faltan menciones a una de mis subvenciones favoritas, las de las familias numerosas!

 

 

 

 

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El presupuesto expansivo (sic). Empobrecernos por gobernar

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Que íbamos a tardar poco en entrar en campaña no le extraña a nadie, bueno, a alguien sí, quizás, bueno, que me lío. Que muchos lo harán sin principios, sin rumbo y con más demagogia que propuestas, quizás tampoco. Y si a alguien aún sí, bajad del guindo que esto promete.

No voy a entrar aún en la falta de propuestas y el exceso de buenismo de mercadillo, habrá tiempo. Pero sí en cómo hemos aceptado eso como lo único que importa. Esto ya no va de gobernar, no, va de decirle a la gente lo que no quiere oír; no va de adoptar propuestas que puedan ser impopulares. No, no va de eso, o no para todos. Esto va de ganar, sólo importa ganar.

Francamente, no me preocupa tanto eso como que queramos ganar a costa (nuevamente) del empobrecimiento general. Si algo nos ha debido enseñar la crisis, y no sólo la crisis, de hecho los últimos 70 años de historia de España y Europa, es que la expansión del gasto público no lleva a nada más que a la quiebra. El gasto público intensivo, empobrece.

Ya sé que lo que vende más es decirle a los españolitos que les pagamos la casa, les damos un sueldo al mes -lo llamemos como lo llamemos- porque sí, y les garantizamos un trabajo, una pensión y cualquier cosa que nos pidan aunque tengamos que endeudar a generaciones para ello. Pero no es sensato.

Como ciudadanos, dejar nuestra propia supervivencia a papá Estado es un suicidio. Pero nosotros en cambio lo aceptamos. Aceptamos, ya como normal, que decidan por nosotros, porque elegir es complicado. Preferimos que sea otro el que elija por nosotros, porque es más cómodo, nos quita el problema de hacerlo . Bueno, lo preferís, porque yo no me incluyo, estoy entre los que intentamos resistirnos como podemos, cada vez con menor éxito, porque el intervencionismo lo invade todo, queremos, queréis, ayudas para todo, que elijan por vosotros, que os digan qué o con quién estar, qué pensar, qué sentir, qué creer.

¿y por qué esto? realmente da igual, podría ser porque sí, pero en realidad es porque esta mañana escuchaba una cuña de radio del Gobierno de Extremadura* en la que éste resaltaba como éxitos el presupuesto expansivo, el aumento del gasto público y la “sostenibilidiad” del Estado del Bienestar… bueno, esto da igual, lo que importa es que lo que sea sea sostenible, aunque no lo sea, como el mismísimo (y mal entendido) Estado del bienestar.

Who is John Galt? 

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*Lamento no enlazarla, no he dado con ella. Si alguien la consigue, que me la envíe por favor.

Y ni nos damos cuenta.

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Algunos sí, pero la mayoría prefiere dejar que sean otros los que se ocupen. Y así seguimos, endeudados, esclavizados, todos.

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Infantilismo

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Esta tarde he visto esta ilustración en Twitter.

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Desde mi punto de vista define perfectamente nuestra actitud como ciudadanos. Algo que la actualidad de esta semana ha vuelto a poner de relieve. La crisis del ébola ha sido una nueva muestra de lo absurdo de nuestro comportamiento como ciudadanos.

Aún está por ver si la situación es grave, o muy grave. Que han fallado cosas, sí; muchas, y por parte de mucha gente. Pero durante días, lo único que parecía importar era echar la culpa al Estado de todo, daba igual qué se hiciera, sin pararnos a pensar si estaba bien o mal, estaba mal.

No voy a defender nada ni a nadie, pero sí voy a criticar nuestra actitud como ciudadanos, preocupados más por la muerte de un perro (y que no se entienda que le deseaba algún mal al perro) que por la gravedad de la situación, bueno, vuestra actitud como ciudadanos. Ciudadanos que os movilizáis por un animal, pero que cerráis los ojos ante la infinitud de calamidades que hay a nuestro alrededor. Ciudadanos que culpáis a otros de cualquier situación, pero que no reconocéis vuestros propios errores y vuestra falta de acción.

Ciudadanos, en definitiva, que sólo clamáis ante lo fácil y permanecéis ocultos ante lo que verdaderamente merece movilización.

Ciudadanos que os comportáis como niños, y que sólo lloráis si os quitan el chupete.

Chirimoyas y hedonismo

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Quienes me conocen saben que mi cabeza hace extrañas asociaciones. Cosas aparentemente sin relación cobran de repente sentido para mí.

El otro día fui consciente de que hay personas que tienen “problemas” con las pepitas de las chirimoyas, sí, chirimoyas. No tengo conocimiento empírico, porque no soy consciente de haberlas comido nunca, aunque descuidad, lo soluciono en cuanto llegue a casa que tengo una para comprobar el grado de dificultad de comer chirimoyas con pepitas, y, en su caso, dar la razón a quién me ha hecho reparar en esto.

Quitar las pepitas a la fruta no es natural, nos pongamos como nos pongamos. Si vienen con pepitas es que son así, y lo aceptamos, lástima, es más incómoda y a veces hay que quitarlas, y hay menos fruta, qué le vamos a hacer. Es cierto que ya hay fruta sin pepitas, pero una sandía sin pepitas no es una sandía, es una sandía sin pepitas.

La razón por la que hoy vengo con esto, que no es más que una anécdota, es porque me hizo plantearme nuestra tendencia a lo fácil, a buscar siempre el placer inmediato y sin obstáculos[1].

Por falta de tiempo, por comodidad, por la facilidad para acceder a casi todo, o por un poco de cada, nuestra actual forma de vida se ha vuelto “fácil”. ¿Os habéis fijado alguna vez en la cantidad de cosas fáciles que nos “prometen?, ¿y en las cosas “sin esfuerzo”?. Mis favoritas de éstas son las de ponerse en forma o aprender un idioma… como si una u otra pudieran hacerse sin esfuerzo…  porque queridos, si aún pensáis que podéis poneros en forma o aprender chino de forma fácil y sin esfuerzo, aceptadlo, no lo vais a conseguir. Es duro darse cuenta de las cosas, pero estamos seguros de que lo podréis superar.

Pero siendo todos conscientes, porque en el fondo lo somos, que lo fácil tampoco merece la pena, lo aceptamos, porque queremos resultados inmediatos y sin esfuerzo. Queremos cosas rápidas y fáciles, sí, lo estoy criticando, pero yo también quiero cosas así, al menos muchas veces, ¡¿quién no?!

Queremos información inmediata, aprender sin estudiar, llegar sin buscar, lograr sin esforzarnos. Todos, en el fondo, queremos chirimoyas sin pepitas, porque nos gusta la fruta, pero no pequeños impedimentos para disfrutarla.


[1] Vaya por delante que aunque haya sido mi “fuente de inspiración” nada tiene que ver quién me sugirió el tema con una búsqueda constante del placer rechazando el esfuerzo, es justo lo contrario, alguien que conoce no sólo el placer que proporciona el esfuerzo, sino que sabe valorar esos pequeños avances que siempre van anejos a las metas complicadas.

Luftballons

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En 2008, poco antes de las elecciones generales de aquel año nació Democracia Responsable (DR). Durante casi 4 años fue un pequeño espacio que me permitió, además, conocer a gente extraordinaria.

Dejé de escribir, pero nunca lo cerré, sólo lo silencié.

Hace ya un tiempo que muchos me habéis oído decir que quería volver, no con algo igual que DR, porque volverá, pero sí quería otro pequeño espacio; porque, francamente, y por muchas razones, lo echaba muchísimo de menos.

Hace sólo unos días comenté con algunas personas que estaba pensando volver a abrir un blog. Mi “problema” era no tener exactamente claro cómo o qué, incluso sobre qué escribir. En realidad lo sabía, pero no cómo dar forma a lo que tengo ahora en mente. Una de esas personas a las que se lo comenté me dijo, escribe (GRACIAS!!!) . Dos días más tarde, en el momento más inesperado, me vino una canción a la cabeza, y Luftballons acababa de nacer.

¿Por qué Luftballons?. Poco tiene que ver con la canción, o no. Ya me conocéis.

Adelanto ya que no va a haber un único “tema”, pero sí una única temática, porque, como en la canción, la paranoia y la falta de criterio nos conducen al sinsentido, a la falta de pensamiento crítico, al absurdo en más ocasiones de las que nosotros mismos somos conscientes. Ése es el punto en común sobre el que traeremos libros, citas, personajes, música e incluso deporte.

Como lo fue (es) DR, que nadie espere más que un pequeño sitio en el que cuento lo que veo, lo que pienso. Este sitio es sólo mi espacio, un sitio en el que plasmo cosas que me gustan, me motiva, me inspiran, en definitiva, que me hacen y me han hecho como soy.

Dicho esto, lo que entendáis vosotros de lo que hay aquí es cosa vuestra. Ya me conocéis, o no, tampoco es necesario. En mis entradas pondrá lo que ponga, se entienda o no. Y y ya adelanto que a veces, seguro, quizás no tenga sentido… qué vamos a hacer, pero lo tendrá para mí, al fin y al cabo, es mi casa y con eso vale ¿recordáis, no?

Dicho esto, a los que ya nos conocíamos, un placer reencontrarnos; a los nuevos y a los que están por venir, espero veros por aquí y leeros, por supuesto. A todos, bienvenidos.

Comenzamos

P.S. La canción, para los que no la conozcan, tiene también una versión en inglés